Querido profesor:
Hace tiempo que quería escribirle, especialmente desde que comencé este máster de Formación en el profesorado. ¡Cuánto me gustaría tenerle de nuevo cerca para compartir con usted mis impresiones, mis ideas, mis dudas y mis temores acerca de la educación!
Han pasado ya diez años desde aquellas clases en las que usted nos desentrañaba los misterios de la Historia contemporánea. Y ya ve, diez años después, no sólo soy historiadora, sino que pretendo, quizá con osadía, transmitir mis conocimientos en ese campo a alumnos de secundaria.
Intento echar la vista atrás y ver en sus clases el secreto de cómo hacer viable todo lo que estoy aprendiendo acerca de la educación. También ahora valoro mucho más su trabajo, que no era sólo el que veíamos en el corto espacio de tiempo que duraban las clases, sino tan sólo una parte, quizá la más pequeña. ¿Cómo se las apañaba para hacerlo todo tan bien? Ya me dirá si me equivoco, pero yo creo que la razón última de su saber hacer estaba en su amor por lo que hacía, que le llevaba a realizarlo con ilusión pese a las no pocas dificultades que seguramente se encontraba a diario.
Recuerdo cómo nos hacía escuchar las noticias del telediario todos los días para aprender qué es lo que pasaba en el mundo y la relación que eso tenía con lo que veíamos en clase. Y si por lo que sea no sabíamos ninguna noticia, teníamos la oportunidad de salir a contarla a los compañeros al día siguiente. Siempre había otra oportunidad, porque para usted lo importante es que aprendiéramos.
¿Sabe una cosa? Fue con usted con quien comenzó mi deseo de ser historiadora. Después me desanimé pensando que por mucho que me gustara, aquello no daba de comer. Y fue así como comencé a estudiar Turismo. Sí, Turismo. Pensé: “tiene algo de Arte, de Geografía, de Economía, de idiomas… no está mal y, sobre todo, tiene más salidas profesionales”. Pero, le puedo asegurar, que en esos tres años de diplomatura, no dejé de pensar en la posibilidad de estudiar algún día lo que realmente quería. Y así fue, terminados mis estudios de Turismo comencé a trabajar, pero también a estudiar Historia. Usted había hecho un gran trabajo, y fue despertar en mí el amor por la Historia y, sobre todo, por la enseñanza.
Eso que hizo usted nos han dicho que se llama “educere”, que es extraer lo mejor que ya hay en el interior del alumno. Le aseguro que conmigo, lo hizo.
Hasta pronto,espero.
Su alumna,
María